Publicado el domingo 16 de septiembre del 2007

ARTES Y LETRAS

El MoCA y su viaje al fondo del arte

ADRIANA HERRERA T.

Especial/El Nuevo Herald

De rodillas frente al pequeño orificio en el vientre del elefante blanco que movía sus patas en la sede del MoCA en el Goldman Warehouse, la niña pelirroja miraba con asombro el interior del inmenso animal. Cuando le dijeron que podría entrar y encontrarse allá dentro con la creadora del elefante se sintió maravillada. Esperó a que la tela se fuera abriendo y se sentó frente a la escultora Billie Grace Lynn sobre una mullida alfombra. En el interior del vientre las patas, las orejas, la trompa, se convertían en formas luminosas y ondulantes, en pasadizos que podían explorarse con la vista, y la niña preguntaba sin prestar atención a la filmadora que registraba la visita de cada espectador.

Para explicarle qué era un elefante blanco, Grace Lynn le contó que al morir su madre había heredado una enorme casa llena de objetos que no podía costear hasta que comprendió que no podía seguir cargando con un elefante blanco. Luego le contó que al entrar a ese lugar cada persona podía descubrir cuál era su elefante blanco y al escribir su nombre en el traje que ella vestía dejarían el enorme peso y saldrían livianos a seguir su recorrido por el mundo. Y, en efecto, cada vez que alguien dejaba el interior del vientre del elefante, salía con una luminosa sonrisa.

En otro de los salones donde se exhiben las obras de los 14 artistas receptores del South Florida Consortium Fellowships, que otorgan los Consejos de Arte de los condados de Palm Beach, Broward, Miami-Dade, Monroe y Martin, también era posible encontrar otra obra de Grace Lynn, profesora de escultura de la Universidad de Miami: una mano articulada en madera que responde con extraordinaria sensibilidad ante el roce del espectador. Ray Azcuy transforma un sofá tipo Chaise lounge en un microcampo de juego cubierto de césped artificial, atravesado por un mástil del que pende una pelota, o inserta una mullida pieza vertical en un sillón redondo blanco con tela de flores. Las piezas sobre pedestal de Richard Haden combinan un elaborado trabajo de manufactura artesanal --realiza perfectas imitaciones de cajas de cartón desgastadas o de extinguidores metálicos con diversos tipos de maderas--, con un juego hiperrealista de simulacros, en el que el desgaste de los objetos es una señal de alerta sobre el engaño que encierra cada objeto.

A María Martínez-Cañas le obsesiona el juego entre el que mira y lo mirado. Su inquietante serie de fotografías Untitled (Guards) está compuesta por apropiaciones del archivo de imágenes de la Escuela Bauhaus que pertenecieron a la colección de Gómez-Sicre y que ella adquirió para usarlas como fuentes. El procedimiento al que somete esas enormes arquitecturas de espacios funcionales e incluso las escenas de interiores y exteriores con figuras humanas a las que superpone dibujos o bloques geométricos incluye veladuras superpuestas, trazos a mano alzada, escaneos, y reimpresiones que plantean la extraña relación entre la imagen real y la copia de la copia, así como la competencia perceptiva entre la fotografía y el dibujo. Otros trabajos fotográficos son la serie de diversas fachadas arquitectónicas tomadas por Leila A. Leder Kremer en diversas horas del día, I Wish I could Live Here #1; la documentación de eventos íntimos relacionados con la enfermedad y la vejez que Robert Friedman hace en Mom; las reveladoras fotografías de superficies de Grieving, que Katie Diets toma con lentes de aproximación; las fotos del ambiente de Key West que Leo Gullick satura y convierte en pinturas geométricas; y las bellas fotos aéreas de Walter Hnatysh, que sin perder su cualidad figurativa son simultáneamente obras formales abstractas en las que la luz juega un papel vital en la composición. La poética fotográfica de Alexander Heria provee una inolvidable experiencia sensorial al espectador: tratándose siempre de fotos de arboledas, a través de recursos como el desenfoque, la simetría, o la foto movida, crea sugestivas atmósferas en las que experimenta de un modo puro la vibración del color, el efecto de la luz inasible convertida en una figura tangible o el éxtasis de las formas.

En cambio, la ironía política y el absurdo surrealista animan la superposición fotográfica de All About Oil, de Louis Davis, y la mordacidad es clave en la compleja instalación de Jonathan Peck, con desnudos naturalistas hechos con crayón, calaveras de papel pintado, y un juego de indumentarias donde el esqueleto evoca ciertas carteras de Burberry.

Los videos destacan en la muestra. Theresa Diehl presenta Random Falls and Patterns of Chaos en una habitación de espejos negros a la que se entra descalzo, y el colectivo Scherer & Ouporov exhibe la poderosa obra Tree-Rain grabando el sonido de la lluvia que baña un árbol de ficus banyan, sagrado en Oriente, cuando toca las hojas en el aire, y cuando golpea el suelo donde hunde sus raíces. Mientras el agua cae se deslizan las palabras en distintas lenguas del poema Glossolalia de Andrei Bely, que entrelaza sobre esa figura iniciativa los sonidos primordiales humanos: madre, vientre, casa, mar, día, noche, oscuridad, muerte. En esa lluvia de palabras en la que otra pequeña espectadora quería hundir la mano están cifrados, según esta pareja de artistas, el miedo y la belleza.• 

adrianaherrerat@aol.com

'New Art: South Florida 2007', MoCA, Goldman Warehouse. 404 NW 26. (305) 893-6211. Hasta el 27 de octubre. MoCA utiliza la nueva tecnología de teléfonos celulares como guía con audífonos de las exhiniciones.